Qué es una estrategia de ventas sencilla cuando empiezas desde cero

La palabra estrategia asusta a mucha gente.

Suena a algo complejo, a documentos largos, a consultoras caras, a cosas que hacen las empresas grandes.

Pero una estrategia de ventas en un negocio digital que empieza no tiene por qué ser nada de eso.

Es, en esencia, una respuesta clara a una pregunta muy sencilla: ¿cómo va a saber alguien que existo, entender lo que hago y decidir trabajar conmigo?

Cuando tienes una respuesta clara a esa pregunta, tienes una estrategia.

Todo lo demás, las herramientas, las plataformas, los embudos, los anuncios, es la ejecución de esa respuesta. No la respuesta en sí.

Por qué muchas empiezan a vender sin estrategia

No por descuido. Por prisa.

Hay una urgencia muy comprensible cuando empiezas algo nuevo. Quieres resultados. Quieres que funcione. Quieres ver que el esfuerzo tiene sentido.

Y esa urgencia lleva a lanzarse a publicar, a crear contenido, a abrir perfiles en todas las plataformas, a hacer todo al mismo tiempo.

Sin haber respondido antes la pregunta básica: ¿por qué alguien debería comprarme a mí?

No en términos de calidad o de buenas intenciones. Sino en términos muy concretos: quién eres tú para esa persona, qué problema específico le resuelves y por qué tu forma de hacerlo tiene sentido para ella.

Sin esa base, el contenido no conecta, las conversaciones no avanzan y los meses pasan sin que el negocio se mueva.

Los tres elementos que no pueden faltar

Una estrategia de ventas sencilla necesita solo tres cosas bien definidas.

Una oferta clara.

No un catálogo de servicios. Una oferta.

La diferencia es importante. Un catálogo enumera lo que haces. Una oferta explica qué consigue la persona que trabaja contigo, en qué tiempo aproximado, con qué proceso y a qué precio.

La oferta habla desde el resultado, no desde el formato. No es «un programa de doce semanas». Es «construir tu línea digital en doce semanas partiendo de lo que ya sabes hacer, para que tengas ingresos que no dependan de que estés presente».

¿Ves la diferencia? La primera describe el producto. La segunda habla a la persona.

Un sistema de captación.

Un sistema de captación es la forma en que nuevas personas llegan a conocerte de forma regular.

Puede ser a través de contenido en redes sociales. A través de referencias de clientas actuales. A través de colaboraciones. A través de publicidad. A través de posicionamiento en buscadores.

Lo que importa no es el canal. Es que sea consistente. Que no dependa de que un día te apetezca publicar o de que alguien te recomiende por casualidad.

Al principio no necesitas todos los canales. Necesitas uno que funcione y al que puedas ser constante.

Un proceso de conversión.

Es el camino que recorre alguien desde que te conoce hasta que decide comprar.

Puede ser corto o largo dependiendo del precio y del tipo de oferta. Pero tiene que existir y tiene que estar diseñado, no improvisado.

¿Qué pasa cuando alguien llega a tu perfil? ¿Qué hace después de leer tu contenido? ¿Hay un siguiente paso claro? ¿Cómo se inicia una conversación contigo? ¿Qué ocurre en esa conversación?

Cada una de esas preguntas define una parte del proceso de conversión. Cuando están respondidas, el camino hacia la venta existe. Cuando no, la persona que podría comprarte simplemente se va porque no sabe qué hacer.

El error de complicar lo que no necesita ser complicado

En el ecosistema digital hay una tendencia a hacer de las ventas algo muy sofisticado desde el principio.

Funnels con cinco pasos, secuencias de email de veinte correos, webinars automatizados, upsells y downsells.

Todo eso puede tener sentido en una etapa más avanzada.

Al principio no.

Al principio lo que necesitas es validar. Comprobar que tu oferta conecta con personas reales, que el precio tiene sentido, que el proceso de onboarding funciona, que generas los resultados que prometes.

Eso no se valida con un funnel complejo. Se valida con conversaciones directas.

Las primeras ventas de casi todos los negocios digitales que funcionan se cerraron de forma manual. Con una llamada, con un mensaje directo, con una conversación real.

La sofisticación viene después, cuando ya sabes que lo que tienes funciona y solo necesitas escalarlo.

Cómo diseñar tu proceso de venta cuando empiezas

El proceso más sencillo que funciona al principio tiene cuatro pasos.

Primero, visibilidad. Que las personas adecuadas sepan que existes. Esto se consigue con contenido consistente que hable directamente al problema que resuelves.

Segundo, interés. Que quien te descubre quiera saber más. Esto se consigue con un mensaje claro que conecta con su situación y un recurso o propuesta que le dé una razón para quedarse.

Tercero, conversación. Una llamada de valoración, una sesión exploratoria o un intercambio de mensajes donde puedas entender si hay encaje y ella pueda entender si quiere trabajar contigo. Sin presión. Sin guión de ventas. Con honestidad.

Cuarto, propuesta. Una vez hay encaje claro, presentas la oferta de forma directa. Sin rodeos. Con precio, proceso y resultado claramente explicados.

Eso es todo.

No necesitas más al principio. Necesitas ejecutar esos cuatro pasos con consistencia hasta que el proceso esté tan internalizado que puedas empezar a automatizar partes de él.

Por qué tener estrategia no es ser agresiva

Hay una confusión que vale la pena deshacer.

Tener una estrategia de ventas no significa vender todo el rato. No significa perseguir. No significa que tu negocio se convierta en una máquina de hacer dinero que no tiene en cuenta a las personas.

Significa tener intención.

Saber por qué publicas lo que publicas. Saber a qué lleva cada conversación. Saber cuándo tiene sentido presentar tu oferta y cuándo no.

Una estrategia de ventas bien diseñada hace que vender sea más natural, no más agresivo. Porque cada pieza tiene un lugar y un propósito. No hay improvisación. No hay incomodidad de no saber qué decir después.

Cuando el proceso está claro, la conversación fluye.

Y cuando la conversación fluye, la venta tampoco se siente forzada.

El punto de partida si todavía no tienes estrategia

No es buscar un curso sobre embudos. No es contratar a alguien para que te diseñe un sistema antes de haber validado nada.

Es sentarte con tres preguntas y no levantarte hasta tener respuesta.

¿A quién ayudo exactamente? No en abstracto. Con nombre, profesión, situación concreta.

¿Qué cambia en su vida cuando trabaja conmigo? No el proceso. El resultado.

¿Cómo va a llegar esa persona a una conversación conmigo? ¿A través de qué canal, con qué tipo de contenido, con qué siguiente paso?

Cuando tienes esas tres respuestas, tienes la base de tu estrategia de ventas.

Todo lo demás se construye sobre eso.

Dentro de Impakt Up esto es uno de los primeros bloques que trabajamos. No porque sea lo más emocionante. Sino porque sin esta base, todo lo que construyes después se tambalea. Con ella, el resto encaja con una facilidad que sorprende.

Porque cuando sabes exactamente a quién ayudas y qué resultado ofreces, vender no es convencer.

Es simplemente hacer visible algo que ya existe.

 
 

 

 

María Planells
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